RUPERTO MERINO

  • Estafa a artistas
  • Censura Política de Proyectos de Transición Verde
  • Amenazas telefónicas a entidades culturales independientes
  • Bloqueo y veto de nuevos lenguajes artísticos nacidos en la Comunidad de Madrid
  • Abuso psicológico a artistas madrileños desde los centros culturales públicos madrileños
  • Vulneración de los Derechos de Autor a artistas madrileños desde los centros culturales públicos madrileños
  • Degeneración y descomposición del prestigio y servicio público de las instituciones públicas donde Ruperto Merino esta empleado
  • Racismo Institucional – Censura institucional de 60 artistas internacionales acreditados en centros culturales públicos bajo la dirección de Ruperto Merino
  • Degradación del trabajo de dramaturgos, dramaturgas, bailarines, bailarinas, coreógrafos, coreógrafas, filósofos, filósofas, diseñadores, directores y directoras artísticos, músicos, artistas sonoros, escenógrafos, cantantes, body paint artists, artistas visuales y docentes.
  • Incumplimiento de su mandato público de la defensa de la dignidad profesional y humana de dramaturgos, dramaturgas, bailarines, bailarinas, coreógrafos, coreógrafas, filósofos, filósofas, diseñadores, directoras y directores artísticos, músicos, artistas sonoros, escenógrafos, cantantes, body paint artists, artistas visuales y docentes.
  • Gestión deshonesta, mentiras, abuso de poder

A pesar de ser un supuesto profesional de las artes escénicas, que casualmente nunca ha realizado ningún proyecto fuera de la política, Ruperto Merino, junto con Aintzane Conesa, Blanca Li, Mariano de Paco y Marta Rivera de la Cruz ha autorizado la explotación del copyright de obras plásticas de Honevo para promociones de festivales de artes escénicas de la Comunidad de Madrid y de promociones de taquilla de Teatros del Canal, vulnerando el copyright de artistas madrileños de manera continuada y reincidente. Pero lo peor no es degradar el trabajo de artistas de Madrid en instituciones culturales públicas, lo peor es censurar, boicotear una mención oficial e intentar por todos los medios que no se mencione la danza biónica y las artes escénicas interbiológicas en ninguna publicación institucional. Una censura política a nuevos lenguajes artísticos biosensibles, que contrapone cualquier interés por las artes escénicas.

Ruperto Merino llama Okupas a los artistas madrileños programados en los centros culturales que dirige, y la triste realidad es que él mismo es un Okupa de las instituciones culturales de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de Madrid, donde lleva décadas de supuesta carrera profesional sin ningún éxito reseñable.

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